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Cómo integrar un escritorio elevable en casa sin renunciar al diseño

El escritorio elevable encaja bien en una vivienda. La clave está en elegirlo como se elegiría cualquier otro mueble importante de la casa

Juan del Real Martín

Soy economista y experto en derecho del consumo y comercio electrónico. He vivido en muchos lugares y me gusta leer y montar en moto. Y por supuesto me gusta la decoración.

Desde hace unos años, el teletrabajo ha cambiado la forma en la que usamos nuestra vivienda. Durante años, el espacio de trabajo en casa fue una solución provisional y poco meditada: una mesa pequeña en un dormitorio, una silla prestada del comedor y un ordenador rodeado de cables. Sin embargo, cuando se trabaja desde casa regularmente y durante varias horas al día, el despacho deja de ser un rincón secundario y pasa a formar parte real de la vivienda.

Esto obliga a buscar un equilibrio entre funcionalidad y estética. El espacio debe resultar cómodo para trabajar, pero también tiene que integrarse con el resto de la decoración.

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Los escritorios elevables son una de las soluciones que más presencia están ganando en los despachos en casa. Permiten modificar la altura de la mesa y alternar entre trabajar sentado y de pie, pero su elección no debería hacerse únicamente atendiendo a las características o al precio: también son un mueble, y, como cualquier otro elemento importante de la casa, sus proporciones, materiales y acabados condicionan el resultado final del espacio.

Consejos para elegir un escritorio elevable para casa

1. Elegir bien dónde colocar el espacio de trabajo

Antes de pensar en el escritorio, conviene decidir qué zona de la casa se destinará al trabajo.

Lo ideal es disponer de una habitación independiente, pero con los precios de la vivienda hoy día, no siempre es posible. Un despacho también puede integrarse en un dormitorio, un salón, una habitación de invitados o incluso en una zona de paso suficientemente amplia.

La ubicación debería cumplir varios requisitos básicos:

  • Disponer de luz natural,
  • Contar con enchufes cercanos,
  • Permitir colocar la silla y moverse con comodidad,
  • Evitar reflejos directos en la pantalla,
  • Quedar, en la medida de lo posible, alejada de las zonas de mayor ruido.

Cuando el escritorio se coloca frente a una ventana, puede disfrutarse de luz natural y sensación de amplitud. Sin embargo, si la pantalla queda directamente orientada hacia el cristal, pueden aparecer reflejos incómodos.

Una buena opción suele ser situar la mesa perpendicular a la ventana. Así se aprovecha la luz lateral sin recibirla de frente ni tenerla completamente a la espalda.

Hoy en día, también conviene pensar en lo que aparecerá detrás durante las videollamadas. Una pared ordenada, una estantería sencilla, una planta o una obra gráfica aportan más serenidad visual que una habitación llena de objetos.

No hace falta crear un despacho perfecto “de revista”. Basta con conseguir un espacio coherente, despejado y pensado para trabajar.

2. Proporciones: el escritorio debe encajar en la habitación

Un escritorio demasiado pequeño puede resultar incómodo. Uno excesivamente grande puede dominar por completo la estancia.

Antes de comprar conviene medir el espacio disponible y marcar en el suelo las dimensiones aproximadas del tablero. Por ejemplo, puede hacerse con cinta de pintor para visualizar cuánto ocupará realmente.

Las medidas más compactas, como 100×60 ó 120×60 centímetros, funcionan bien en dormitorios, apartamentos pequeños y puestos con un ordenador portátil o una sola pantalla.

Los tableros de mesa de 140×70 centímetros ofrecen una superficie más cómoda para trabajar con monitor, teclado y documentos.

Si el espacio lo permite, en despachos amplios, un escritorio de 160×80 centímetros permite instalar dos monitores, brazos articulados, altavoces y otros accesorios sin que el conjunto parezca saturado.

Además del ancho, la profundidad es algo muy importante. Un tablero demasiado estrecho obliga a colocar la pantalla muy cerca de los ojos y deja poco espacio para apoyar los antebrazos.

En un escritorio elevable también hay que comprobar que las patas y los pies de la estructura no rocen con rodapiés, cajoneras, radiadores o muebles próximos, ya que la mesa necesita espacio libre para subir y bajar sin rozar ningún objeto.

Las proporciones correctas hacen que el escritorio se integre. No parece colocado allí por obligación, sino que forma parte del diseño de la habitación.

3. Materiales, acabados y grosor del tablero

El tablero es el elemento que más se ve en el día a día, y el que determina buena parte de la personalidad del escritorio.

Los acabados en roble y madera clara aportan calidez y combinan bien con paredes blancas, tonos arena, fibras naturales y plantas. Son una buena elección para ambientes nórdicos, mediterráneos o contemporáneos.

Los tableros blancos crean un resultado más luminoso y discreto. Funcionan especialmente bien en habitaciones pequeñas o cuando se busca que el escritorio pase visualmente desapercibido.

Los acabados oscuros y las estructuras negras ofrecen una imagen más sobria. Pueden encajar en despachos industriales, espacios masculinos o ambientes con mayor contraste.

También conviene prestar atención al grosor del tablero. No es solo una cuestión técnica. Un tablero grueso transmite mayor presencia y calidad visual, mientras que uno demasiado fino puede parecer más provisional y de menor calidad.

En el mercado existen opciones económicas pensadas principalmente para competir por precio y otras más cuidadas en materiales y construcción.

Por ejemplo, la marca española especializada en escritorios elevables Tablakala, fabrica sus tableros en España con madera aglomerada de alta calidad y un grosor de 3 centímetros. Este tipo de tablero aporta una apariencia más sólida y permite que el escritorio funcione como una pieza de mobiliario estable y duradera, no como un accesorio tecnológico añadido al despacho.

En su colección de escritorios elevables pueden encontrarse distintas combinaciones de estructura, tamaño y acabado para adaptarlas al estilo de cada espacio.

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4. Un escritorio elevable también debe ser estable

El diseño importa, pero una mesa de trabajo debe cumplir bien su función.

En los escritorios elevables, la estabilidad es especialmente relevante porque la estructura se extiende cuando la mesa sube. Un modelo que se comporta correctamente en la posición más baja puede presentar movimiento cuando alcanza una mayor altura.

Esto puede resultar molesto al escribir, utilizar el ratón o trabajar con una pantalla grande.

La estabilidad depende de elementos que no siempre son visibles en una fotografía:

  • Peso de la estructura,
  • Anchura de las columnas,
  • Tamaño de los pies,
  • Grosor y peso del tablero,
  • Diseño de la estructura.

Una estructura muy ligera puede resultar visualmente atractiva, pero también ser menos firme. En otras palabras: si pesa la mitad, algo se ha quitado.

Esto no significa que el escritorio deba parecer pesado o industrial. Existen modelos con líneas limpias y discretas que, al mismo tiempo, utilizan estructuras robustas.

También hay que decidir entre uno o dos motores. Para tableros compactos y equipos sencillos, un modelo de un motor puede ser suficiente. Los escritorios de dos motores suelen resultar más adecuados para tableros grandes, varios monitores o cargas superiores.

La mejor elección será la que combine diseño, estabilidad y uso real. No hace falta comprar el modelo más grande, pero sí uno que responda correctamente cuando se utiliza todos los días.

5. Orden visual: cables, iluminación y accesorios

Un despacho puede estar bien decorado y perder todo su atractivo si los cables quedan colgando por detrás de la mesa.

En un escritorio elevable, este punto requiere algo más de planificación porque los cables deben acompañar el movimiento de subida y bajada.

Lo más práctico es instalar una bandeja bajo el tablero para colocar la regleta y recoger los transformadores. Desde allí, un único cable puede bajar hasta el enchufe.

Los organizadores verticales o articulados permiten guiar los cables desde la mesa hasta el suelo sin que se tensen cuando cambia la altura.

También puede utilizarse un brazo para monitor. Liberan espacio sobre el tablero, permiten ajustar mejor la pantalla y consiguen una composición más limpia.

La iluminación debe combinar luz general y una lámpara de apoyo. Un flexo orientable resulta útil durante las últimas horas de la tarde, pero no debería crear reflejos directos sobre la pantalla.

En cuanto a los accesorios, menos suele ser más:

  • Una bandeja para documentos,
  • Una planta pequeña,
  • Una lámpara,
  • Un soporte para auriculares,
  • Una cajonera discreta.

El objetivo no es llenar la mesa de objetos decorativos, sino crear un espacio ordenado en el que cada elemento tenga una función.

6. Crear un despacho que funcione también cuando no estamos trabajando

Cuando el despacho comparte espacio con el dormitorio o el salón, es importante que siga resultando agradable fuera del horario laboral.

Una silla de oficina completamente negra y voluminosa puede ser cómoda, pero quizá no encaje en un salón luminoso. Existen sillas ergonómicas con colores neutros, respaldos ligeros y diseños que se integran mejor en espacios domésticos.

También puede recurrirse a biombos, estanterías abiertas o alfombras para diferenciar visualmente la zona de trabajo sin levantar paredes.

Al terminar la jornada conviene guardar el portátil, retirar documentos y dejar la superficie despejada. En un escritorio elevable, otra opción es situar la mesa en una posición más alta para que visualmente se diferencie del modo de trabajo habitual.

Para quienes todavía no saben qué tamaño, estructura o rango de altura necesitan, esta guía para elegir un escritorio elevable explica las principales diferencias según la estatura, el espacio y el equipo utilizado.

Un buen despacho en casa no necesita ser grande ni estar lleno de tecnología. Necesita luz, orden, proporciones correctas y muebles que estén pensados para el uso que van a recibir.

El escritorio elevable puede encajar perfectamente en una vivienda bien decorada. La clave está en elegirlo como se elegiría cualquier otro mueble importante de la casa: mirando sus medidas, materiales, estabilidad y relación con el resto del espacio.

Porque trabajar desde casa no debería obligarnos a vivir dentro de una oficina. El espacio puede ser funcional, profesional, cómodo y estar bien diseñado al mismo tiempo.

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